Feliz y tecnológico año 2030

Ya han sonado las 12 campanadas, ya estamos a 1 de enero de 2030. Cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando estaba realizando el Máster de secundaria, momento en el que iniciaba el gran viaje de mi vida: nadar por las aguas de la docencia para aprender a ser lo que soy ahora. Por aquella época estábamos en 2014 y mi día a día siempre era el mismo: levantarme, desayunar,  hacer trabajos para la universidad, comer y coger el autobús para ir a la UA. Siete meses con esta misma rutina, viendo a los mismos conductores y el mismo paisaje entre Elda-Alicante a través de las sucias ventanas del autobús. ¡Qué lejos quedan esos momentos! ¡Cómo han cambiado las cosas!

SÍ, todo ha cambiado. Todo aquello que formaba parte de mi vida diaria ha ido desapareciendo poco a poco. Los coches y transportes públicos han sido sustituidos por tubos de cristal que nos teletransportan con tan sólo dar un botón, el cual forma parte de un panel donde se distinguen diferentes lugares. Los libros de texto, aquellos que usábamos en las clases, sólo están en el Museo del libro olvidado. Incluso, los ordenadores portátiles y tablets han dejado de existir.


Ahora todo es más tecnológico incluso que antaño. El presente me recuerda  a aquellos dibujos animados que veía por allá en los años 90 ¿cómo se llamaban…? ¡Ah, sí! ¡Los súpersónicos! ¿Os acordáis?
Pues mi vida diaria hoy en día es muy similar a la suya: me levanto, pido a la autococina mi desayuno, preparo la clase del día y me monto en mi teletransportador, que me lleva al aula donde debo dar clase, incluso, me lleva a mi silla de profesora. Allí, encuentro a mis alumnos, que al igual que yo llegan a través del tubo teletransportador. ¡Todo muy cómodo y económico, pues la gasolina también ha desaparecido!



Las clases también han cambiado.
Y, en vez de llevar los pesados libros de texto, portátiles o tablets, todos tenemos a nuestra disposición un pequeño proyector, que con tan  sólo un clic aparece un teclado, un ratón y una pantalla donde pueden ver los materiales correspondientes a la sesión. Ello permite que las clases sean más dinámicas, centradas más en la práctica y no tanto en la teoría. De hecho, sólo se destina un día de la semana a la clase teórica y en el resto de sesiones trabajamos destrezas lingüísticas.



Pero, os preguntaréis ¿cómo llegamos hasta aquí? Ya lo he dicho, todo ha cambiado…los políticos se dieron cuenta de la importancia de invertir en educación y dispusieron todo lo necesario para que los futuros científicos, profesores, médicos, etc., pudieran tener una buena enseñanza. 


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